martes, 18 de marzo de 2014

O marabilloso mundo dos aditivos alimentarios, por Alba Fernández

En la actualidad, nuestra dieta diaria está regida por el uso de la química alimentaria centrada en los conservantes y los colorantes. Me interesé por la composición de nuestros alimentos y descubrí componentes que desconocía totalmente, posteriormente busqué información en Internet e incluso encontré enfermedades derivadas de su consumo masivo. A raíz de estos hechos me dispuse a intentar determinar si sus propiedades son realmente tan positivas como parecen y si se podrían cambiar por otros de origen natural o con facultades similares.
Por ejemplo, algunos conservantes dañinos para la salud son los E-210 y E-233, que causan síntomas leves; como dolores de cabeza o náuseas. Los de código con números del 249 al 252 contienen nitrito de sodio y nitrato de potasio, sustancias con indicios de ser cancerígenas. Todos ellos están relacionados con las leyes de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y en la actualidad se consumen ordinariamente.
Actualmente la ley BOE del 22-1l-96 recoge 43 colorantes autorizados y sus códigos van del número E-100 al E-180, numerosas fuentes mencionan como particularmente desaconsejables los que forman parte del grupo de los azoicos. Gran parte de las fuentes que se han consultado apuntan que los colorantes alimentarios son un aditivo inútil. Su función es sicológica, manipular la mente del futuro consumidor para que el alimento le resulte mucho más atractivo y  apetecible.
Los dos principales objetivos de la investigación fueron: descubrir y demostrar cuál o cuáles son los conservantes naturales que tienen una mayor eficacia, y encontrar alguna opción más natural para alguno de los colorantes supuestamente dañinos. Para lograr mis objetivos realicé varias experiencias:
  • Para encontrar el conservante natural más eficaz se desarrollaron dos tipos de bases de cultivo diferentes y se les añadió diferentes ingredientes que tradicionalmente funcionan como conservantes naturales. Posteriormente se tomaron fotografías y se realizó un seguimiento durante tres semanas.
  • Las prácticas sobre los colorantes se centraron en generar una alternativa para el E-120 y el E-122, ambos productos de color rojo conseguidos a partir de la síntesis con metales de un jugo obtenido de las cochinillas de la humedad. Estas consistieron en crear un alimento con extracto de remolacha, de aspecto igual al del colorante, y otro con el E-122 .Se hicieron dos bizcochos y posteriormente se realizó una encuesta a varias personas preguntando sobre cuál preferían y si se advertían los cambios.
En las prácticas con conservantes se advierte que el conservante tradicional más válido como posible alternativa a los sintéticos sería la canela, la que como único inconveniente tiene su característico sabor. Aunque como desventaja los conservantes químicos no son comparables a ninguno natural por su excelente eficacia. De la práctica con los colorantes podemos constatar que más de la mitad de los encuestados prefirieron el bizcocho natural.

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